QUIÉN SOY
Soy curiosa, y creo que eso no se me va a pasar.
Se puede seguir aprendiendo siempre. No tiene edad ni título final.
Y hay cosas que me interesan más que otras. Las comunicaciones, desde siempre. Y lo que pasa entre dos personas: lo que una dice, lo que la otra escucha, y todo lo que queda en el medio sin decirse. Ahí me puedo quedar horas.
Un poco de contexto
Soy argentina y vivo en Canadá hace más de diez años. Mi familia es mi motor, eso antes que nada. Soy mamá.
Trabajo en un área corporativa acompañando a emprendedores, y me encanta. Me gusta la rutina, me gusta aprender ahí adentro, y me gusta ayudar a alguien que está construyendo algo.
Nunca sentí que hubiera que elegir entre eso y hacer algo propio. Conviven. Soy mi propio conejito de Indias: si hay alguien probando si esto de que todo quepa funciona, soy yo.
Me llamo Mariela. Acá los nombres que terminan en -ela suelen llevar doble L, así que durante un buen tiempo fui “Mariella” en todos los mails. Mariela cambiaba de pronunciación según quién lo dijera, y con eso parecía cambiar algo más que el nombre. Empecé a presentarme como Maru, y esa la elegí yo.
También me quedaba calculando en la puerta: mano, beso, abrazo. Y sin darme cuenta empecé a explicarme entera, a hablar un poco más bajo, a redondear.
Ojo, adaptarse está bien. Pero un día me di cuenta de que eso ya no era adaptarme: era corregirme. Y no es lo mismo.
Con el idioma pasa algo parecido. Se dice mucho que en otro idioma sos otra persona, y al principio se siente así. Pero cuando te ponés cómoda en los dos, se integran. Seguís siendo la misma. Lo que cambia es la voz, porque estás hablando desde otra fonética.
Por qué este trabajo
En mi vida personal pasé por desafíos que me hicieron cuestionar mis recursos, los emocionales y los mentales. No tanto mientras estaba pasando, sino después.
Y la pregunta que me quedó no fue por qué había pasado. Fue otra, bastante más incómoda: si mañana me aparece algo parecido, ¿lo abordo igual, o puedo hacerlo un poco mejor?
Ahí empecé a mirar mis valores. Y cuando entrás en valores, te mirás con otros lentes. No es que cambie la vida: cambia el lente. Y desde ahí una crece distinto.
Eso es lo que me interesa de este trabajo. No darle a nadie una vida nueva.
Tres cosas, por si sirve saberlas antes
Hay palabras que no uso: sanar, transformarte, tu mejor versión. No es que esté en contra. Es que no hablo así, y cuando lo intento se escucha el esfuerzo.
No creo en la vida equilibrada. Creo en la vida donde entra lo importante.
No te voy a decir qué hacer. Te lo aviso ahora, porque en algún momento me lo vas a pedir. Yo no sé cuál es tu camino. Vos sí.
Cosas que no vienen al caso
Estoy en Toastmasters. Di mi primer discurso en julio de 2025 y me temblaba todo. Lo volvería a hacer.
Hace poco aprendí a patinar sobre hielo y estuve semanas pegada a la pared. Los chicos aprenden sin preguntarse nada y una de grande se lo pregunta todo, empezando por qué pasa si me caigo. Al final aprendí más sobre el miedo que sobre patinar.
Me gustan las velas. Llegué a pensar en armar un emprendimiento y quedó en hobby, que era donde tenía que quedar. Cuando me pongo a crear prendo una vela, un sahumerio, palo santo, y siempre tengo piedras cerca. Y después está lo otro: yoga, masajes, ratos con la cabeza en blanco.
Si querés trabajar conmigo, hay dos maneras.